i hay algo que he aprendido a lo largo de los años que formaron mi personalidad es a ser más fuerte de cara al mundo. A ver, a observar todo con una mirada más segura. A confiar más en mi misma, y a demostrarlo.
Si hay algo cierto, es que es importante saber alzar una barrera entre tú y los demás en determinados momentos. Dedicarte tiempo a ti. Pero no un tiempo de autocompasión y lamento, sino un tiempo de reflexión y sosiego. Momentos de soledad en los que no te sientas solo. Momentos, en conclusión, vitales para ser uno mismo, firme y decidido.
Soy más fuerte de lo que era antes, y diferente en algunos aspectos. He aprendido a no fiarme, a no idealizar a las personas. A darme prioridad en determinados momentos en los que antes no lo hacía. De alguna manera me da pena haber perdido aquella inocencia. Aquella aura de "no me hagas daño". Ahora no permito que lo hagan, no si está en mi mano impedirlo. Aún así, repito, me da algo de pena. Lo cierto es que siempre fui muy confiada. Siempre he creído en una especie de bondad intrínseca a las personas que a mí me interesaba conocer. Obviamente, no siempre me fue bien (aunque puedo decir que tengo bastante buen ojo...).
Pero para avanzar hay que tropezar, caer, levantarse y reanudar el paso. Sino, es muy posible equivocarse de camino...
Y diría que de alguna forma, me va bastante bien. Me encuentro de fábula, eso mínimo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)


No hay comentarios:
Publicar un comentario